Elogio de la reticencia (con la inestimable ayuda del diccionario de la RAE)




Mariano Peyrou. Estudio de lo visible.
Valencia: Pre-Textos, 2007.


En los dos versos finales del poema "Albada" se puede apreciar lo que para mí hace singular la poesía de Mariano Peyrou o al menos su último libro Estudio de lo visible: No me faltaba ansiedad, pero mi principal / mérito es haber prescindido de las comillas. De las acepciones que el diccionario de la RAE  incluye de la palabra “comilla”, dos son las que dan sentido y alcance a los versos citados: La comilla también se emplea para poner de relieve una palabra o frase. (…) También se emplea para indicar que una palabra está usada en su valor conceptual o como definición de otra.


Que la poesía es un género con predilección por la solemnidad lo comprobamos con demasiada frecuencia. Su tendencia a ejercer un papel de entrecomillado de la realidad la lleva a perder su sentido de la perpendicularidad con respecto a aquello que apela. Así pues, prescindir de las comillas significa recuperar la intersección entre rectas y entre curvas; tratar de glosar o entrometerse en esta geometría dislocada que resulta de aplicar a la vida miradas oblicuas y reticentes. Pues de reticencia está colmada la poesía de Peyrou. Y los tres significados que de reticencia propone el diccionario de la RAE definen con exactitud las virtudes de su escritura:

“1. Efecto de no decir nada en parte, o de dar a entender claramente, y de ordinario con malicia, que se oculta o se calla algo que debiera o pudiera decirse.
2. Reserva, desconfianza.
3. Figura que consiste en dejar incompleta una frase o no acabar de aclarar una especie, dando, sin embargo, a entender el sentido de lo que no se dice, y a veces más de lo que se calla.”

Habla el diccionario de malicia y maliciosa la escritura de Peyrou que parece acercarse al celebrado coloquialismo para, de repente, con un par de quiebros, instalarse en la extrañeza y en la desconfianza. De tal esgrima emerge una falsa sensación de trivialidad que no es otra cosa que la banda sonora de una trama de apariencias; pequeñas esquinas de intimidades y verdades rampantes: “Sobre la reciente mentira / horizontal construyes la pirámide / empezando por la forma de tus ojos, / una manera simpática de aplaudir / la desconfianza en el sentido / de la vista. Alta, coronarás / la arquitectura con una banderita / que nunca va a agitarse con el viento / sino con el sonido, según cuenta / tu historia. Vivían condicionados por / sus primeras palabras, por la imagen / imprevista de una mejilla despoblada, / por el deseo extremo de tocar / un dedo con la punta de otro dedo, / sin decirse nada, / porque estaban contentos y no lo sabían. (El gusto)”.


El carácter cambiante de la poesía, también propio de la naturaleza, procura a Peyrou la imagen de un árbol como alegoría final del libro, haciendo así las veces de poética con moraleja: “puedes hacer varias cosas con este árbol // cubrirlo de un color original o dibujarlo en tu mente como si fuera un río // (…) definirlo para que sea a la vez hermoso y artificial // (…) lo que no puedes hacer es entenderlo.”


Fernando Menéndez
sobre el autor
diseño por Q-interactiva | dirección Marcos Canteli