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Poemas de Planisferio [John Ashbery]

lunes, 15 de septiembre de 2014

 

 

 

BOUNDARY ISSUES

 

 

Here in life, they would understand.   

How could it be otherwise? We had groped too,   

unwise, till the margin began to give way,   

at which point all was sullen, or lost, or both.   

 

Now it was time, and there was nothing for it.   

 

We had a good meal, I and my friend,   

slurping from the milk pail, grabbing at newer vegetables.   

Yet life was a desert. Come home, in good faith.   

You can still decide to. But it wanted warmth.   

Otherwise ruse and subtlety would become impossible   

in the few years or hours left to us. "Yes, but . . ."   

The iconic beggars shuffled off too. I told you,   

once a breach emerges it will become a chasm   

before anyone's had a chance to waver. A dispute   

on the far side of town erupts into a war   

in no time at all, and ends as abruptly. The tendency to heal   

sweeps all before it, into the arroyo, the mine shaft,   

into whatever pocket you were contemplating. And the truly lost   

make up for it. It's always us that has to pay.   

 

I have a suggestion to make: draw the sting out   

as probingly as you please. Plaster the windows over   

with wood pulp against the noon gloom proposing its enigmas,   

its elixirs. Banish truth-telling.

That's the whole point, as I understand it.   

Each new investigation rebuilds the urgency,   

like a sand rampart. And further reflection undermines it,   

causing its eventual collapse. We could see all that   

from a distance, as on a curving abacus, in urgency mode   

from day one, but by then dispatches hardly mattered.   

It was camaraderie, or something like it, that did,   

poring over us like we were papyri, hoping to find one   

correct attitude sketched on the gaslit air, night's friendly takeover.

 

 

 

 

 

 

DIVISIONES DE DIVISORIA

 

 

Aquí, en la vida, entenderían.

¿Cómo podía ser de otro modo? Habíamos tanteado también,

sin modo, hasta que el margen comenzó a ceder paso,

punto en que todo estuvo hosco o perdido o ambos.

 

Ahora era hora, y no quedaba otra.

 

Tuvimos una buena comida, yo y mi amigo,

sorbiendo del barreño de la leche, tratando de agarrar verduras más recientes.

Aun así la vida era un desierto. Ven a casa, de buena fe.

Aún puedes decidir hacerlo. Pero quería calidez.

De otro modo treta y sutileza se volverían imposibles

en los escasos años u horas que nos quedaban. "Sí, pero..."

Los icónicos mendigos se alejaron a rastras también. Te lo dije,

en cuanto sale una brecha se convierte en abismo

antes de que haya tenido nadie ocasión de titubear. Una disputa

al otro lado de la población desata una guerra

en nada de tiempo y acaba igual de bruscamente. La tendencia a curar

arrastra todo a su paso, adentro del regato, el pozo de la mina,

adentro de cualquier bolsillo que estuvieras contemplando. Y los realmente perdidos

compensan por ello. Siempre somos nosotros quien tiene que pagar.

 

Tengo una sugerencia que hacer: tira del aguijón hasta sacarlo

tentando tanto como te apetezca. Enluce las ventanas por completo

con pulpa de madera contra la melancolía del mediodía cuando propone sus enigmas,

sus elixires. Proscribe decir la verdad.

 

Ese es el punto, sin más, según tengo entendido.

Reconstruye la urgencia cada nueva investigación,

igual que un terraplén de arena. Y la socava otra reflexión,

causa de su consiguiente desmoronamiento. Fuimos capaces de ver todo eso

de lejos, como en un ábaco curvado, en la modalidad de urgencia

desde el primer día, pero para entonces los despachos apenas importaban.

Lo que importaba era la camaradería o alguna cosa así,

que se empapaba de nosotros como si fuéramos papiros, esperando encontrar una

actitud correcta esbozada en el aire alumbrado con gas, amistosa adquisición de la noche.

 

 

 

 

 

 

PLANISPHERE

 

 

Mysterious barricades, a headrest (of sorts),

boarded the train at Shinjuku junction

to the palpable consternation of

certain other rubberneckers already installed

in the observation car of their dreams. It's so peaceful

on my pallet. I could just live here?

In a second the deadbeat returned with lunch tokens.

It had been meant to be sublime, but hell was

what it more specifically resembled. Remember

to hold the course and take two of everything. That way

if we make journey's end before the tracks expire

we'll have been found living in it? the deep magenta

sunset I mean.

 

There is nothing like putting off a journey

until the next convenient interruption swamps

onlookers and ticketholders alike. We all more or less

resembled one another, until that fatal day in 1861

when the walkways fell off the mountains and the spruces

spruced down. I mean it was unimaginable in a way.

You'll have to install a park with chairs and restrooms

for the weary and a simple but firm visitors? code

for it to be given out in your name and become a boon

to limp multitudes who thought you were somebody else

or didn't know what it was you did. But we'll stay clean,

by God, and when the tide of misinformation reaches

the first terrace, we'll know what to do: yell our heads off

and admit to no mistakes.

 

The land stretched away like jelly into a confused cleft.

All was yapping, the race having ended

before we arrived, with mixed results.

Nobody knew what they owed or how much credit

had been advanced, being incapable of niceties like buzzing

and herding fleas till the next shipment of analgesics arrived.

It was like forming signals out of loam when you were young

and too discouraged to care very much

about aftershocks or where the die ended up.

It was too smoky in the little kitchen garden or potager

to pay much mind to the rabbits and their plankton

dispensary. Something had been launched. We knew that.

 

 

 

 

 

 

PLANISFERIO

 

 

Misteriosas barricadas, un reposacabezas (o algo por el estilo),

embarcaron en el tren en la intersección de Shinjuku

para la palpable consternación de

ciertos otros mirones que alargaban el cuello ya instalados

en el coche de observación de sus sueños. "Hay tanta paz

en mi camastro. Yo es que me quedaría a vivir aquí".

En un segundo regresó el gorrón con vales para comer.

Se había dicho que iba a ser sublime, pero un infierno era

lo que concretamente parecía. Acuérdate

de mantener el curso y de tomar de cada cosa dos. De ese modo

si damos fin al viaje antes de que las vías venzan

nos habrán encontrado viviendo en él: el intenso magenta

de la puesta de sol, quiero decir.

 

No hay nada igual a retrasar un viaje

hasta que la siguiente interrupción desborda

a espectadores y poseedores de billetes por igual. Más o menos todos nosotros

nos parecíamos unos a otros, hasta aquel funesto día de 1861

cuando las pasarelas se desprendieron de las montañas y las piceas

dejaron de acicalarse. Quiero decir, era inimagible en cierto modo.

Tendrás que instalar un parque con sus sillas y cuartos de baño

para los cansados y un código, sencillo pero firme, para visitantes

que se reparta en tu nombre y se convierta en una bendición

para las mustias multitudes que se pensaban que eras otra persona

o no sabían qué era lo que hacías. Pero nos mantendremos limpios,

por Dios, y cuando la marea de mala información alcance

la primera terraza, sabremos qué hacer: chillar hasta que nos estalle la cabeza

y no reconocer ningún error.

 

El país se extendía hasta perderse como la gelatina cae dentro de una confusa fractura.

Todo era cháchara, y la carrera había finalizado

antes de que llegáramos, con resultados desiguales.

Ninguno de ellos sabía qué debía o cuánto crédito

se había adelantado, siendo incapaces para las sutilezas como zumbantes

pulgas abalanzándose hasta que la siguiente remesa de analgésicos llegó.

Era como modelar señales con marga cuando eras joven

y estabas demasiado desanimado como para preocuparte mucho

por las repercusiones o dónde fueran a parar los dados al final.

Estaba demasiado cargada de humo la pequeña huerta o potager

como para prestar mucha atención a los conejos y su dispensario

de plancton. Alguna cosa se había lanzado. Eso sabíamos.

 

 

 

 

 

 

TESSERA

 

 

We had fallen asleep in the palace.
It was ungraceful, but only a kitten
could have taught us that, far out on a ledge.

The way people come and go is instructive.
Why brood over shadows that pile up
inevitably inside the shutter? If there was
one thing he had learned in his life, it was this:
One discovery leads the way to another,
and then all are swept out with the morning's trash.

 

 

 

 

 

 

TESELA

 

 

Nos habíamos quedado dormidos en el palacio.

No tuvo nada de elegante, pero sólo un gatito

podría habernos enseñado eso, fuera, a lo lejos, sobre una cornisa.

 

La manera en que algunas personas vienen y van es instructiva.

¿Por qué cavilar sobre sombras que se acumulan

inevitablemente dentro de la contraventana? Si había

una cosa que él había aprendido en su vida era esto:

muestra un descubrimiento la manera de hacer otro,

y luego todos son barridos con la basura de la mañana.

 

 

 

 

 

 

UPTICK

 

 

We were sitting there, and   

I made a joke about how   

it doesn't dovetail: time,   

one minute running out   

faster than the one in front   

it catches up to.   

That way, I said,   

there can be no waste.   

Waste is virtually eliminated.   

 

To come back for a few hours to   

the present subject, a painting,   

looking like it was seen,   

half turning around, slightly apprehensive,   

but it has to pay attention   

to what's up ahead: a vision.   

Therefore poetry dissolves in   

brilliant moisture and reads us   

to us.   

A faint notion. Too many words,   

but precious.

 

 

 

 

 

 

REPUNTE

 

 

Estábamos ahí sentados, y

yo bromeé sobre cómo

no se entreteje: el tiempo,

transcurriendo un minuto

más rápido que el de delante

al cual alcanza.

De ese modo, dije,

no cabe pérdida.

Queda la pérdida prácticamente eliminada.

 

Retomando por unas horas el

tema que nos ocupa, una pintura,

con aspecto de haber sido vista,

dándose media vuelta, algo aprensiva,

pero tiene que prestar atención

a lo que está delante: una visión.

Por eso se disuelve la poesía en

una brillante humedad y nos lee

a nosotros.

Una idea vaga. Demasiadas palabras,

pero preciosas.

 

 

 

 

 

 

ZERO PERCENTAGE

 

 

So call it untitled, but

don't imagine you'll be left off the hook:

The title will find it as surely

as a heat-seeking missile locks on

an asteroid. Down below, armies

and oceans of taxis will squawk unfeelingly.

The title always wins.

 

 

 

 

 

 

PORCENTAJE CERO

 

 

Pues di que no está titulado, pero

no te creas que vas a sortear el escollo.

El título lo encontrará con tanta seguridad

como un misil que busca calor da con

un asteroide. Allá abajo, ejércitos

y un mar de taxis mascullarán sin ninguna sensibilidad.

El título siempre gana.

 

 

 

 

 

Poemas de Planisphere. New York: Harper, 2009.

 

 

 


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