Secciones de la revista


Sobre la lectura [Juan Soros]

lunes, 30 de noviembre de 2009

 

 

A pesar de todo, las vanguardias, las guerras, el silencio, el libro parece conservar un poder totémico, es decir primitivo y primigenio, donde el ‘poema’, como categoría, se considera un objeto-parlante que intenta preservar un ‘dictum’ original o ‘voz’ recubierta de un aura objetivo y autoritario siguiendo el concepto de Walter Benjamin. Este poder, en muchos casos velado, se hace presente o actualiza (en-act) en la llamada ‘lectura de poesía’. Es el autor quien va a dar la lectura autorizada de su texto. Además suele dar las guías de lectura, en muchos casos detalladas hasta el extremo, del significado de su poema y de sus condiciones de enunciación. En este contexto el poema se impone. Por eso es interesante que muchos poetas enfrentados a esta problemática agreguen elementos dramático-musicales, escénicos a fin de cuentas, a sus lecturas de manera de distanciarlas del poema mismo y darles una entidad diferente propia del momento efímero de la enunciación. Es decir, esta crítica va más dirigida a la categoría ‘poema’, como esquema social de expectativas, que a los usos de muchos autores, más o menos conscientes de esta imposición, y sus diferentes estrategias de resistencia o su renuncia y aceptación de las condiciones de posibilidad de la ‘lectura de poesía’ como uno de los pocos espacios de visibilización de estas propuestas.

 

Este objeto-parlante u objeto-fónico es una concepción del poema impreso como un dispositivo de registro que sería una variante pobre o de una tecnología primitiva de la grabación de sonido. Esta concepción debería haber abandonado los textos a favor de registros en formatos sonoros reproducibles hace mucho tiempo. Probablemente no lo han hecho por el prestigio del objeto-libro, un segundo aura, que involucra otra problemática y que se suma a la anterior. Esta concepción es deudora de la tradición oral del poema sin embargo no asume una de las características esenciales de esta modalidad originaria. Su carácter de obra abierta. El procedimiento de leer la Ilíada o el Mío Cid en un libro no tiene ninguna relación con la experiencia sonora de escuchar alguno de sus cantos de viva voz. De hecho hay que comenzar por asumir que estos textos son recopilaciones reelaboradas de los poemas orales y que sus condiciones de enunciación se han perdido para siempre.

 

Contra el poema como registro deficiente de la voz reificada del autor se plantea el texto como partitura léxico-visual propuesta al lector-interprete que le da su forma definitiva en el instante de su lectura. Esta idea es tradicional, se remonta, al menos, a la nota que Mallarmé escribió para Una tirada de dados. Aquí la voz es siempre la voz del lector. El autor esparce o disemina como notas en un pentagrama las palabras sobre la página que son ofrecidas (ofrendadas), en su publicación, al lector. En este contexto el poema se propone. Por esto la dinámica de consumo del texto está mucho más cerca de la del intérprete, como valoramos a un pianista o chelista. Además, por sobre esta dinámica existe una relación visual que no se considera en el campo musical y que es esencial en el del texto poético. Desde dos procedimientos diferentes, el caligrama y la espacialización del poema en la página, pero que convergen en destacar el valor visual del texto (valor ya presente en el bloque conceptual del soneto perfectamente coherente con su trabazón sonora y su concepción de mundo) no se puede pretender que no hay una perdida en la lectura en voz alta de poesía. Sin embargo, ya lo dice Eduardo Milán, provocadoramente: “la poesía es pérdida, ¿quieres perder?”.

 

No se plantea una crítica a la ‘autoría’, en términos de individualidad o colectividad, que genera un objeto dado a interpretación. Sí se cuestiona en términos de autor-autoridad-autoritario que impone el texto. El objetivo del texto, su vector, está dirigido a la interpretación por el otro. Esta es su funcionalidad como objeto-herramienta. De este modo la única interpretación incoherente, aunque no improcedente, es la del propio autor en cuanto ha concebido el texto como don al lector. Así como el creador visual también puede contemplar su obra pero sería claramente inoperante que él se interpusiera entre el público y la obra para dar su versión de cada uno de los elementos que la conformaran. El configurador de la obra, me gustaría decir ‘compositor’, conoce claves de la misma que pueden llegar a ser vitales para su interpretación biográfica o para encontrar sus referentes intertextuales, pero estas lecturas, en su mayoría académicas, no tienen nada que ver con el proceso de lectura. Así como el color y la composición, presentes en las obras plásticas más dispares, llevan el peso de dirigir la mirada del espectador, toda la ‘señalética’ del poema, fónica y visual, desde el corte versal hasta las variantes tipográficas y un largo etcétera, está ahí para ser interpretada por el lector. Esto no implica, tampoco, una negación de la evidente relación dialéctica (aunque negativa en términos de Adorno) entre autor y lector en cuanto el autor propone una serie de elementos y el lector los acepta, rechaza o modifica, sin necesidad ni pretensión de alcanzar un proceso de comunicación. El único aura que admitimos, en su acepción de ‘Hálito, aliento, soplo’, es el de la voz misma en cuanto aliento o ánima. La voz como flujo, presente y ausente, que sostiene la vida y donde se aloja la palabra. El poema como cambio de aliento propuesto por Celan. La voz del lector que recoge el aliento propuesto por el autor y lo hace suyo, lo hace memoria. 

 

 

 

JUAN SOROS (Santiago de Chile, 1975) es Ingeniero Civil Industrial y Master en Estudios Literarios. Ha publicado Tanatorio (2002) y Cineraria (2008). Dirige la colección Transatlántica de poesía americana en Ediciones Amargord.

 


2 comentarios | deja el tuyo!

#2
Muy interesante. Es una problemática álgida en este periodo que está viendo renacer la lectura en voz alta y la relación entre el poema escrito y su oralización. ¿Todo poema es para ser leído? Usted habla de los caligramas, yo pienso en la poesía de e.e. cummings por ejemplo y hoy día de muchos otros. Pienso que muchos esscriben sin pensar en esto. Creo que es una dimensión que se irá imponiendo a la poesía por la visibilización de la que habla usted ofrecida por las posibilidades de internet. Ahora bien, si se irá haciendo necesaria cierta 'teatralización' (y pienso en las lecturas de Chantal Maillard, cuya lectura debería ser estudiada), hay que alejar todo espectro de 'declamación'. Por mi experiencia, me parece que cuando oigo un poema me hace falta visualizarlo, y me gustaría entonces tenerlo al alcance de la vista. De todas formas el poeta no siempre es el mejor lector y su lectura es ya una interpretación que no necesariamente coincide con la intención que 'inspiró' el poema. Conjugar el oído y la vista me parece esencial, pero no comparto la idea de añadir una dramsturgia que sólo vendría a contaminar el poema, a menos que forme parte del poema o de lo que quiere decir el poeta. La dramsturgia me parece más un diktat, una imposición (diaporama, música, danza) en la que el poema y la poesía dejarían de ser lo esencial del mensaje, serían otra cosa, que puede ser interesante, pero ya no poema. Es probablemente una postura conservadora, que el tiempo se encargará de tirar con los desechos, pero como usted lo dice, el libro sigue siendo la panacea de los poetas y escritores. Todavía estamos 'a caballo' entre una civilización de la escritura y una de la imagen. Paradójicamente internet ha desarrollado las ganas de escribir y nunca había habido tanto escritor, tanto poeta en ciernes. Un saludo

#1
critica constructiva: se lee mal el texto, es un tipo de letra tenue, grisácea, tal vez un pelín pequeña, tal vez mis ojos... :'-( Jose Javier

    escribe tu comentario

     

     

    debe de indicar su nombre.

     

    Captcha

     


    • todos los comentarios tienen que ser aprobados por la dirección de la revista antes de ser publicados.

    en la red


    suscripción RSS

    suscríbase ahora y esté actualizado constantemente de las nuevas noticias de la web. (¿qué es RSS?)


    PressKIT
    Free counter and web stats