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Conquista múltiple [Diego Palmath]

lunes, 28 de diciembre de 2009



Pequeño pero no por ello menos afilado, diríamos de Promesa y Conquista, plaquette con aspiraciones y olor a libro. Eduardo Fariña Poveda (Chile, 1982) a través de textos bien sintonizados y en una frecuencia poco habitual nos muestra su viaje, su travesía, un itinerario hacia el poema.
Dividido en cuatro capítulos y marcado por dos momentos. Los dos primeros capítulos se muestran coloquiales y se complementan formando el primer momento. Hablamos aquí de la Promesa y del entorno en la cual se afecta.

Es importante definir a que tipo de promesa nos enfrentamos. No necesariamente se promete lo que se desea. Más de las veces la promesa se hace para satisfacer al otro, pero no es el caso. La promesa a la que se refiere Fariña nace de su deseo, del deseo de todo poeta interesado en el decir. El autor crea una dualidad, se habla a si mismo configurando un lugar explorable. Poemas como "La hondura del sueño", "Cuando se hace tarde" y "Googleame con la cabeza fría" son una especie de buceo interno en su lava particular que va burbujeando ante la inminente expulsión: "también señalabas que hay un decir/ que debe arrancarse a la piedra/ antes que la mano en el vuelo que le signe/ intuya al menos una condición similar a la del huevo". Un decir, - como bien dice Miguel Ildefonso hablando del mismo libro- un lenguaje que confrontado con lo cotidiano efímero permanece, encuentra su lugar, gana su partida.

Por momentos se siente que Promesa y Conquista -al menos en su primera parte- es un proto-prólogo del decir. El camino de un decir diciendo. "Y descubres que el poema arde en/ decires que saben oscurecerse en su rapto/ palabras que invitan a desdecir ondulan".
Como diría Eduardo Milán "En todo poema el placer mayor es percibir la elección de un camino y no de otro, la apuesta por la dirección única que nos guiará por donde sólo intuimos y no necesariamente sabemos"(1) El autor chileno, conocedor de su búsqueda, muestra su sendero y no se amilana ante el reto, se promete y lanza su voluntad hacia la consecución de su promesa. "Importante léase despacio/ soñar el mismo sueño/ cuantas veces sea necesario". Aunque la promesa no asegurara nada, ni siquiera el colchón para la caída que a lo mejor pudiera ser un nuevo decir (un nuevo camino). El prometer es en toda regla un desafío. El decidor se llena la boca de artefactos, luz que salpica su oscuridad. Sabe que va a transitar por lo laberíntico, es consciente de ello y eso mismo es lo que le impulsa a buscar puertas "lo sabido cosa fácil que se olvida/ parece que en lo que se desconoce se atribuye/ mayor latido al desplazarse". El segundo capitulo, complementario con el primero y que genera ese primer momento, es el entorno. El deseo no es simplemente la aspiración de una cosa, sino la aspiración de la cosa en conjunto, en un contexto determinado. Definición deleuziana del Deseo(2) muy emparentada con la crítica al psicoanálisis. Construir un agenciamiento. El poeta trama su conquista, su mirada y su critica a lo que le rodea. "el origen aunque buscar/ se limita a repetir la observación/ por más fabrica bar universidad u oficina/ en donde se transitó sin más/ que un parpadeo o mejor/ lo que dura un trago de whisky" .

El tercer capitulo es un intermedio, un paréntesis antes entre la Promesa y la Conquista. Los tres poemas que engloban este paréntesis son corte y anunciamiento. Son respiración y salivación antes del decir. El proto-prologo deja paso al prologo y el poeta se acerca más al nacimiento de su voz "Adquiere la promesa facultad de socavar sentido/ conquista de la mezcla en un proceso higiene de éste".
El recorrido coloquial se va apagando para que en un cuarto capitulo el decidor, con textos frenéticos, avasalle y de cuenta de su viaje y su lugar "Promesa: ebriedad curiosa. Conquista: que no le falte nutrientes".
La voz se abre. El autor de Promesa y Conquista nos lanza poemas encapsulados y frenéticos que se van apoderando del espacio; es el tiempo de domar a la hoja. En los últimos cinco poemas de esta plaquette se destaca la locura del decir. Hermético, prosaico y a la vez pegajoso como un chicle que se adhiere al inconsciente "Ropajes de tantos decires, lenguajes depredadores a veces buscan seguridad de ficción para que los espante con un arma y enjaule a la palabra que querían como presa".
Si bien es cierto, el decidor planta su bandera; no menos cierto es que el mayor conquistado es él, que se somete al misterio de la palabra, esa mujer infiel y múltiple que le deparará infinitas aventuras.


(1) Milán, Eduardo. Un ensayo sobre poesía. México DF: Acromo y libros del Umbral, 2006.
(2) Deleuze, Gilles. "El abecedario de Gilles Deleuze" (entrevista). http://www.youtube.com/watch?v=PDGfL_c77wc

 


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