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Entrevista a Ildefonso Rodríguez [Eduardo Fariña]

domingo, 20 de junio de 2010

 

En Escondido y Visible, tu obra poética reunida, podemos apreciar diversos elementos muy marcados. Libertad creativa, materia onírica, competencia lingüística, pensamiento crítico, lógicas musicales y acrobacias reescriturales. ¿Qué experimentas al ver reunida en 35 años de escritura esta pluralidad?

No soy muy consciente de tal diversidad, o sólo en el plano de las técnicas artesanales; los, siendo llano, trucos del oficio.

Lo cierto es que cuando comencé a reunir el material de tantos años, todo me sonaba sospechosamente próximo, en cerrada contigüidad. No sentía, por otra parte, evolución o progreso entre las partes (quizás algún salto, en el sentido de las "invenciones trastornadoras" a las que se refería Paul Nougé). Era más bien como mirar un álbum familiar de fotos. Las diversas piezas iban datando un tiempo personal y colectivo. Eso iba sintiendo, y la melancolía de nunca más volver allí, al momento "libre volador", al instante de una "copla del amo"...

 

Es notorio en la sintaxis de tu escritura la estrecha vinculación con el Jazz. Antonio Ortega en el prólogo a Escondido y Visible habla de fraseo y ritmo como términos claves en tus poemas. ¿De qué forma el Jazz ayuda a la poesía y la poesía al Jazz en tus respectivas facetas de poeta y músico?

En un ensayo reciente, Third ear recitation, mi amigo el poeta y traductor Jean -Yves Bériou se refiere a la improvisación y al automatismo poético en un plano de semejanza (el "canto interior") y dice algo que podría responder a esta pregunta: en ambos campos "... hay una música mental emparentada con el lenguaje (...). Todos los estados dinámicos del pensamiento y del lenguaje son los de la voz humana, gestos mentales y sonoros tomados de la voz que habla".  La metamorfosis de la imagen se me asocia a un fraseo de variaciones y repeticiones, simetrías y asimetrías, dentro de un ritmo y un tempo, una velocidad determinada. Cuando soplo en el saxo busco devanar las frases de un modo semejante (con toda la salvedad de las analogías entre música y lenguaje).

 

En tus poemas uno nota que además de dar visibilidad al universo invisible y sugerir el visible, el poema trata de documentar su situación fragmentaria no sólo en base a estos dos universos, sino que les quita su referencialidad lógica. Sería interesante que nos hablaras de esa zona gris, donde podemos (re)crear el texto, más allá de realismos didácticos y automatismos gratuitos.

En el cortocircuito entre el sentido y la referencia se enciende el poema: para saturar o para abolir su propio sentido (el del lector, que reproducirá el circuito, para colapsarlo o abrirlo de nuevo). El poema se refiere al mundo. porque es parte de él (de algún mundo, inevitable).

Cuántas pieles pueda tener ese animal familiar que llamamos texto o poema es otra cuestión. Puede que se trate de un fantasma, puede que esté escondido, agazapado en su agujero. Se guarda, se reprime, acaba por reaparecer: la poesía.

Si un poema funciona, igual que una pieza musical, debe tener alguna organicidad. Pero no necesariamente cuatro patas. Cuando trabajas con procedimientos de yuxtaposición, automatismos y flujo del azar, se trata de otras especies animales: por fortuna, son casi ilimitadas.

A raíz de publicar el libro, su título me trajo el problema de darle justificación. Más allá del deus absconditus, encontré esta cita de Foucault, que -me gusta lo que tiene de galimatías- copio completa: 

"Lo ficticio no se encuentra jamás en las cosas ni en los hombres, sino en la imposible verosimilitud de aquello que está entre ambos: encuentros, proximidad de lo más lejano, ocultación absoluta del lugar donde nos encontramos. Así pues la ficción consiste no en hacer ver lo invisible sino en hacer ver hasta qué punto es invisible la invisibilidad de lo visible".

 

¿Es el poema el lugar donde pasado, presente y futuro pierden su identidad? En tu escritura la memoria reúne materiales para la construcción de un sentido.

Para evitar aquí el discurso, pues el tema daría para ello (y ya llevamos alguno), contaré una historia.

Yo sigo viviendo en la ciudad en la que nací; no sólo eso, sino que, desde hace años, cada tanto he de pasar delante de la casa natal, abandonada en la adolescencia. Nunca vi a nadie asomado a las ventanas (la del comedor barnizado, la de la salita, con la luz de sus cortinas de cretona, la del dormitorio, donde casi me matan unas tifoideas infantiles: he vuelvo mil veces a esos huecos, como soñador); tampoco abriendo o cerrando la puerta (es una casa de dos pisos), puerta que conserva el mismo pomo que yo oprimía en la otra vida. Muchas veces he tenido la tentación de llamar y presentarme a los habitantes: ¿cómo me presentaría?, ¿cómo un vendedor, un revenant, un reencarnado que recuerda sus vidas pasadas? Nunca lo hice.

Y el otro día, por primera vez en todo este tiempo y bucles de la imagen (memoria, nostalgia, miedo, qué sé yo) vi a una mujer y a un niño en el portal abierto de la casa. Y eran, en una rápida ojeada, gente antigua (es una casa pobre en el barrio muy reformado), me parecieron conocidos, familiares (se contagiaron de lo fantasmático que bulle en mi memoria), hubo reconocimiento.

Tal vez en ese portal me espere un poema: Gente antigua abriendo la puerta de la casa natal...

(Y aquí ha entrado a saco todo el imaginario privado, del que tanto recelaba Barthes).

 

¿De que manera podemos hablar hoy en día de vanguardia, actitud, tradición crítica, búsqueda e interrogación por lo nuevo? 

Desde hace años asistimos al cuarteamiento del bloque hegemónico, de lo que se quiso presentar como la vía restaurada de una tradición españolísima. el realismo, el costumbrismo, un idiolecto "normalizado". Los que escribíamos desde los márgenes estábamos mal mirados, por decirlo de un modo suave: "tontilocos", nos llamó algún inquisidor. Es una vieja cuestión, la del Entartete Kunst, el arte degenerado de los nazis.

Se trataba, en el fondo, de hacerse con un mercado, poniendo el alza el valor de lo inteligible y del sentido común. Sólo que en poesía el mercado acaba siendo un mercadito arcaico, es una feria de intercambios, como los que se juntan para cambiarse cromos. Y, lo más importante, los valores alzados eran poco funcionales, el resultado era un producto único, homologado. Y esto es lo más contrario a la poesía que se pueda imaginar: porque el origen de la poesía es siempre el deseo, polimorfo, roedor en lo oscuro, exaltador de lo viviente.

El deseo ha eclosionado en su diversidad. Y esto enlaza con tu siguiente pregunta.

 

¿Qué es lo que más significativo para ti de la poesía española actual?

Telegráficamente: la fecunda diversidad. Siempre estuvo ahí (me remito a mi "historia": ¿qué nos asemejaba y qué nos diferenciaba a los compañeros y compañeras de la revista El signo del gorrión? Cada cual hacía lo suyo y lo hacía de un modo extremado). Y desde hace un tiempo, hay una eclosión de caminos muy diferenciados, y conviven juntos. El inquisidor ha perdido.

 

También me apetece preguntarte sobre la poesía en lengua española que proviene del otro lado del atlántico. ¿Con qué poetas latinoamericanos dialoga tu poesía?

En el principio estuvieron como alimento fundamental (Lezama Lima, Westphalen...). Seguí descubriendo (Fijman, Eielson, Delfín Prats). Leo admirado a algunos contemporáneos, colegueo (en el libro de Roger Santiváñez, Amaranth, recién publicado en España, pueden leerse mis afinidades en la contraportada), mantengo correspondencia e intercambios (Eduardo Milán -su extraordinario El camino Ullán- José Kozer, Magdalena Chocano Mena, Andrés Fisher). Doy pocos nombres, por no abundar. Si me extendiera, acabaría concluyendo en la fascinación o el hechizo totales: qué poderes, qué riquezas tienen los, las del lado de allá.

 

¿Cuál es tu relación con las nuevas tecnologías? Sobre el aporte de Internet como soporte y medio de divulgación de obras. 

No las empleo para la difusión de lo mío, no tengo blog. Consulto, me pierdo en los laberintos, curioseo. Disfruto con el juguete, me aburro, lo dejo, vuelvo. Me temo que sigo un tanto colgado del papel, de su manejo y espacialidad. Ay, nuestras viejas revistas, aquellos Signos del gorrión. Nostálgico.

Tengo fidelidades en el laberinto: el blog de Eloísa Otero, Isla kokotero, esta revista.

 

¿En que nuevos proyectos escriturales y  musicales estás ahora trabajando? 

La verdad es que a publicación de la obra poética reunida me ha llevado a  una crisis de la que estoy intentando recuperarme. Impone ver esa cantidad de un solo lomo. Y, aun así, hay poemas de los últimos años que quisieran salirse de lo ya dado y verse en un nuevo libro. En ello estoy, con un título deseado, Inestables, intermedios,  y el vértigo de componer el conjunto, de cerrarlo (¿y si ya no viene nada más? No me refiero a la pérdida, sino al desconsuelo). Entretanto, me dedico a los cuadernos donde se ha cebado toda mi escritura, los apuntes, el día a día de un escritor. Y procuro tratar con cariño algunos proyectos antiguos, un libro en prosa, por ejemplo, Disolución del nocturno, que no quiero abandonar.

La música es otro cantar. Como soy improvisador, sigo con mis grupos (Dadajazz, Sin red, Quinteto Cova Villegas) en la pura alegría de seguir tocando. En este lado no aspiro a reunir mayor obra.

 


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