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Los cinco inmortales / Satori [José Kozer]

lunes, 21 de noviembre de 2011

 

LOS CINCO INMORTALES

 

 

Los cinco nos adjudicamos nombres chinos, 

nada de dioses, sólo

nosotros cinco

acercándonos al agua,

no con excesiva

veneración, no hay

nada que venerar

(con exceso) íbamos

cantando de las Odas,

mezclábamos los 

asuntos del día (que

si los manifestantes

contra el capitalismo

puro y duro, que si 

el estado actual de

degeneración del

sistema escolar)

con nuestros últimos 

poemas que, ebrios,

entonábamos, voz

engolada declamando:

y la risa que nos

entraba (cundían las 

risotadas) se acabe el

mundo, total, ocurra ya

de una vez el acabóse

(Gran Acabóse lo 

acuñó yo Li Po): y en 

esferas de inexistencia 

(corroborables) seguimos

bebiendo saké filtrado

(Li Po sin filtrar) la

luna contemplando, 

contando a tutiplén el

número de estrellas

matutinas a la orilla 

del Wei: búfalos de

agua, arrozales, al 

fondo las colinas,

detrás los Andes digo

los antepasados que

no son dioses, ¿ok? 

Y detrás las montañas

sagradas (cinco) y la

Ley Inmutable. La ley

única que nos hace

beber saké, cantar 

odas, hacer subitáneos

los poemas del río y la

montaña, cantar la propia

insignificancia, la guerra

que nos obliga a morder

el polvo (al norte): tribus

bárbaras (venga, otro

lingotazo de saké para 

olvidar que los bárbaros

somos nosotros) ir a 

morir en contra de, 

fuera de, entre lenguas 

incomprensibles, 

ajenos a, subyugando, 

imponiendo, al volver 

del botín no nos queda 

ni para comer. Y encima 

Palacio exigiéndonos

Odas al Emperador,

cantar su elegancia y

gran visión, su virilidad

con las siete (oficiales)

concubinas que se

dejan hacer de todo,

regocijadas con el

pitito imperial. Vivir

disfrazados, no hay 

de otra. Y a la caída 

de la tarde, entre

vestales, ebrios

reflejos, ropa de seda

raída, haber muerto

como muere en su

búcaro el crisantemo,

todo color amarillo 

muerte, y todo por 

ictericia añadida a 

cirrosis.

 

 

 

 

 

SATORI

 

 

Mordejai

le

preguntó 

a

Dios

(a

lo

Job)

que

para

qué:

 

Y Dios, peleón cuan lozano, recomendó lucidez 

a Mordejai (dado 

que una respuesta 

de Dios se las trae): 

que concretara, eso

para empezar. Y 

entonces, sólo 

entonces, por esta 

vez, y nunca más (a

nadie) Dios enumeró 

sus recomendaciones,

y son: pagar cuanto

antes los plazos de

la casa y del carro,

se volviera a casar

que segundas nupcias

son las mejores, que

se dejara de cambiar 

de religión a cada dos

por tres, total, si Dios

no existe: a qué perder

tiempo con imágenes

del desierto, reclusión,

cumbres de montañas,

un Paraíso venidero

más o menos parecido

al perdido, nirvanas

para mendicantes, 

sutras y padrenuestros,

crucifijos de oro del

moro, estrellas de 

David plateadas, las

de oro y plata Sterling 

al montepío. Y sobre

todo, Mordejai, sobre

 

todo

reconciliar

mente

con

estómago,

es

decir,

nada

de

hacer

preguntas,

comer

huevos

duros

(barato,

y

si

les

quitas

la

yema

vivirás

cien

años)

para

prolongar

la

vida

se

precisa

una

casa

sin

espejos.

 
 

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