Poemas



(contexto)


El elemento número uno de pensar es abrir
El epicentro número uno del cuaderno está en el corazón del sismo

Hay líneas que perduran en silencio y surgen
con la mirada alerta en la secreta lectura

Son ellas que descomponen la perfección y afirman que así
se calma el concepto

El centro del número es mi Yo
El centro del niño es mi Yo
El centro del placer contiguo es mi amante en el lecho del Solo
que sólo supone el sismo

No tiene sentido, no tiene ninguna salud el sistema
Pero firmo para ti con saludable sed  
y al practicar el viejo amor, distingo exactamente entre tú y yo

Somos algo, somos todo, un pedazo perfumado del polvo







(pañuelo de seda)


Quiero albas, quiero incendios y un lugar quemado por su espejo y la distracción como la fresa en la fe. Quiero la punta paliativa del drama, de cara al amor que evasivo da. Y todo eso en asiento de cine, entrañable como un temblor que abraza. Porque quiero el concierto que habrá de perseguirme en esta luz que soy, y que ingresa en mí como un Yo en fuga. Quiero regresar por mis huesos a comer de aquella primera identidad y luego en el alba increíble de mi cristo, ahondar con la lámpara de mano que todo adorna porque su avidez de ver es la cuna del consuelo.

 

 

 

 

 

 

(el desorden del néctar)


Aquí me tienes  (tocada por la tecla)
atrapada por el vaso que se traga el agua
Aquí, a trasmano en la curva mental
en la materia que se extrae del cansancio
como una cueva de sed vertida

esta válvula abierta verifica el sitio

Aquí, entre los ríos de basura, entre dobleces tóxicos,
nuestra planta se pudre lentamente, pegada
al muro que la acoge porque conoce su belleza

Aquí en la entena, en la tarea de las tres, en la trampa
que suspira la débil calificación del contorno
y la débil punta de los profundos verdes

Aquí me tiene tu teclado
tendida sobre las autopistas de la incertidumbre,
susurro tras susurro, los milagros de la música
que se apoderan del silencio

Estos, precisos finales de oído largo
palabrería que suspira cuando es aquí
cuando es esto, lo que desea el enigma

Aquí, madre del día, en este mismo oasis del círculo
me doy completa al desorden, a la concepción, al néctar
en un marcapasos de entreabierta boca
que muerde, que mira y medita
su primera emanación

 

 

 

 

 

 

 

(dentro)


Contigo vuelvo a ver
Con una vuelta al certamen
de aventura voluntariosa
vuelvo al metro

Vuelvo al centro
Vuelvo a comer la cantera
desnuda del disco y su melodía
La franca voz que modifica
y la vena amorosa que cura el quiebre

contigo en la garganta
contigo en la pregunta
me guardo del golpe sistemático
de la gotera desierta
del sistema, del capital, del canje

me guardo contigo, te aguarda
la querida pantalla de poder intimista
vuelvo a ver en tu pantalla el pulso
vuelvo a palpitar

mi voz te envuelve, te desnuda
y te sostiene, lejos del poder
que gira su rosca y reanuda su roer
dentro y fuera
donde nosotros caemos
de donde nos escapamos







(domingo)    

para Garrett Kalleberg


Hoy experimenté con el calor, la débil luz y la ausencia. Algunos miraban de pie, cómo el nido había caído desde las ramas.

Podía sentirte en la calle de los rayos oblicuos que en la tarde empiezan a rebelarse de la entonación interior y parecen reflejos de otro mundo.

Esos rayos eran criaturas de tu distancia y yo espantaba el recuerdo para que esa luz no penetrara en el instante cuando había que alcanzar el frágil y blanco cascarón que un pájaro pequeño había abandonado.

Todos querían ver el inicio de la floración violeta que siempre en estos meses invade las ramas secas y parece una mancha de fe entre los vientos desatados.

En ese cálido cuadro de primavera mis brazos hubieran florecido a tu alrededor.

En ese pulmón de familia conducida por la madre, mi respiración se agitaba pensando en volar con las ideas hasta tu aliento para expresar el vértigo del amor. Y nuestros dedos clavados en su histeria, sin dejar de escribir, hubieran coincidido.

Pero sacamos el nido de la enramada. Miramos las nuevas flores del árbol, dejamos que la luz se detuviera entre nosotros, sólo para pensar que hacía falta agua de lluvia y quizá otra bicicleta que comprendiera nuestra desazón gris de domingo.

Y yo, volando bajo, dejé que tu recuerdo se metiera entre mis fibras y llenara mi vaso de gravidez. Y una pronunciación intimista deshizo los tiempos y creí que estabas allí, mirando como la luz, yéndose, detenía nuestras sonrisas.



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Laura Solórzano
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