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Desobras [Daniel Aguirre Oteiza]

miércoles, 09 de julio de 2014

 

I. En torno a una estancia



Mamá te quiere tanto más porque eres español

Mamá te quiere tanto más porque eres español

Español o cual o un día.

Pero tanto si bien o si cual es languiñol

Lo cual o cual no es español

Lo cual o cual no es una vía

Que ellos serán apaño o español

Que ellos serán lo cual o cual apaño

Lo cual dirán o cual diría

Que ellos dirán lo cual cual para ellos es apaño

Ellos lo necesitan ellos aducen es más ellos darán

En referir a lo cual cual ellos necesitarán

Cual es lo cual no es español

Cincuenta cual se empañan y se van lo cual cual no es español




II. Libre acceso a los nombres de América



Primeras ráfagas: en el comienzo que no anota nombres la increíble amalgama. Natural de sonidos, imágenes, fascinación y misticismo, estaría asociada a algunos poetas y círculos literarios. Contrastes. El dinero primero, después el mar: una “tregua semántica” que eludiría también el nombre de la capital histórica.


En la vieja colonia, en el oscuro, en el muro raspando, el nombre no perturba, el nombre es conciliación: olvidado papel, fresco agujero, espera ser descubierto, voz para los anónimos protagonistas de la catástrofe, y por lo tanto prácticamente inmutable.

Cuentan las sombras que huyeron del cuerpo: una frontera de tránsito y tráfico, apagaron sus gritos de beodos, igual que bofetadas. Eso constituyó en efecto un hecho histórico totalmente extraño. Y aquella banda oriental se transformó en provincia. Y de ese modo terminó siendo una prolongación civil del orden natural.


Se levantó la horizontal y dijo: abeja es cada expresión. Pero se produjeron muchas más controversias. No existe una sola versión del origen del nombre: pese a los innumerables testimonios de los documentos de época, conquistamos el viejo restaurant. Bolívar vivía entonces un impulso nominativo.

En documentos de época se usan indistintamente el término “provincia” y el término “república”. Los artificios nominales sugieren los hilos del relato.

Este coro del himno es elocuente en la siguiente serie de artículos preparados especialmente para El País.


La ciudad dormida evapora su lenguaje. ¿Quiénes eran ese nosotros, se pregunta? Coronas del desfiladero, verdaderas tentaciones a las que ningún viajero puede resistir. En todas ellas fue complejo el proceso de nombrar las naciones. Donde la arquitectura contemporánea resalta por su utilidad, se llegó al conciliador y sorprendente acuerdo de ese artículo, que todavía rige.

¡Japón! Tus ritos me han exaltado. Y el león africano está celoso de la “invención” de lo que hemos llamado “el mito de los orígenes”.


Para apretar algo con las manos, son pertinentes estas puntualizaciones. Yo no busco la calma soñolienta: la primera era grafológica. Si te atolondraras, estos espacios ya reconocidos y nombrados por los vernáculos serían los puntos de partida, lo mesurable enmascarado donde nací como tú, tierra rodeada de agua.


Pero más importante que los pájaros tropicales era un árbol alto, grueso y espinudo, con tronco rojo y flores amarillas. Si un estilo anterior sacude el árbol, no intentes convencerme de torpeza. Por la alegre reunión que me acompaña, hay plumajes que cruzan el pantano. El enaltecimiento del suelo propio ha sido una actitud constante. Cuenta con la ventaja de no hacer referencia a ningún territorio o grupo indígena en concreto. Lo dejará sencillamente sin palabras.

Infaltable, imperdible será en su recorrido. Crecen los huesos. Revientan de tan gordos los gusanos. El visitante será transportado.




III. De ensombrecer un placer



Un fracaso conforme a su patrón

Este modo de sobriedad en préstamo

Hasta volverse uno hombre distinto o yo

Imitador

              Detrás

De cada línea de defensa para

Dejarla   Para quedarse

En deseo de ensombrecer

Un placer

 

               Sobra

Palabra cuando escasea carne

Humana (Casi el cuerpo

Entero de traductores fue detenido   Muchos

Más perecieron)

                         Y nadie fue

Pero allí me enviará   Adonde

 

Somos esto

                  Que viene

                                  El lobo ya

Te ha rebasado   Pues esta puerta no es

La tuya   Pero con quicio

Y marco basta para remediar remedar involuntario

Autorretrato de abandonar   Más

 

Allá de su física con tu disfraz de sentido

Común con tu disfraz de canción

De cuna y todo

                        Por cruzar otra

Sombra del mismo umbral con muchas

Manos vacías hasta colmar

Su haz de antología

 

Apenas comprensible   Jardín

Tan público que llegue

A extraviar de su contexto guíe

 

Lejos de lenguas maternas

Hasta ese su saber que sabe bien 

 

 


Obras intervenidas:


I. “Stanza IV”, Gertrude Stein

II. “Los nombres de América”, El País

III. “To Please a Shadow”, Joseph Brodksy

 

 

 

DANIEL AGUIRRE OTEIZA (Pamplona, 1968) es profesor en la universidad de Harvard. Ha traducido, entre otros, poemas de Samuel Beckett, Wallace Stevens o A. R. Ammons. Su último libro de poemas publicado es Así extravíe el callejero(2012).

 



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