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Callar, significar [Pablo López Carballo]

viernes, 11 de noviembre de 2011


 

Javier Vicedo Alós apuesta, en su primer libro, —Ventanas a ninguna parte— por la claridad y sencillez expresiva para profundizar en la compleja relación entre creación y vida. Partiendo del vacío y el silencio, configura un universo existencial y poético, en busca de una voz característica, en el que se mantiene el tono escéptico de quien es consciente de ese fascinante binomio que forman la incapacidad-posibilidad expresiva del lenguaje.

La ingenuidad y el atrevimiento son las características más recurrentes de los poemarios iniciales publicados por los autores de últimas generaciones. Muy pocos libros son capaces de lograr un resultado satisfactorio y duradero, a causa, principalmente, de una falta o carencia de proyecto crítico en torno al lenguaje. En este sentido, Ventanas a ninguna parte deja de lado las elucubraciones juveniles, propias de la edad temprana, y se mete de lleno en uno de los planteamientos básicos y necesarios para cualquier poética, el cuestionamiento del material.

La toma de posición en el mundo, o en la configuración de mundos, es clara. Aquí el sujeto poético, correlato directo del vital, se relaciona con los objetos, las personas, su propia conciencia y la del resto desde la individualidad aislada hasta los procesos de socialización. Y, en este punto, radica una de las principales características del libro, ya que la elección de las palabras y el ritmo que las mueve son los encargados de configurar este territorio. De este modo, no hay un mundo, o una verdad, si no que la precisión de este lenguaje hace, más bien, que el poema se convierta en un mundo posible, una verdad momentánea que no admite sinonimia, ni variantes. Podemos, entonces, hablar de mundos en plural y no de uno único e irrefutable, perspectiva ésta última que, por otra parte, implicaría continuar con esa ingenuidad de la que este libro se aparta y que tiende a obviar buena parte de las creaciones del siglo XX. Por ello, pese al escepticismo, el desasosiego y la imposibilidad, este deseo de creación mantiene al libro como posibilidad de canto, belleza y alegría.

 

El título del poemario nos remite directamente a una estancia, que se convierte en el punto desde el que partir, el vacío en su vertiente física. La ventana funciona como bisagra entre el exterior —que podríamos nominar como realidad— y el interior —donde domina el deseo. La apariencia de preponderancia de este último no es absolutamente resolutiva, ya que se trata de dos caras de la misma moneda. Sin una de ellas no tendríamos la otra y, precisamente, es esta tensión, esta dialéctica, la que se explora en el libro.

En la segunda parte del poemario se establecen dos conceptos fundamentales: la noche, como territorio, y la aceptación de lo somático. Partiendo de un nuevo vacío, en este caso lumínico, se diluyen las figuras con las que el hombre se orienta en la realidad y, gracias a ello, obtenemos dos consecuencias. La primera de ellas, la más presente en el libro y ya mencionada, la creación, la necesidad de dar nueva figura, imagen, representación. Por otro lado, como segundo efecto, aparece la cancelación de las formas y la posibilidad de su reconstrucción. Así, el cuerpo se debate entre sus limitaciones, hacia la clausura de la propia forma, y su expansión: la ventana está abierta y nadie va a cerrarla. / Un viento nos conduce a todas partes.

De esta nueva contraposición, parte otra de las fuerzas presentes en el libro. No solo se produce la construcción del vacío, si no que también encontramos el movimiento centrípeto que atrae a la inversa. Configurando así un panorama de fuerzas contrapuestas en direcciones contrarias. Con lo corporal se genera este camino instalado en el restar. También en la voz podemos apreciar este trazo, como posibilidad de reducción: Se aprende a callar con los años, / aunque parezca que hablemos. // Se nace sin palabras / y con palabras rotas nos vamos.

 

Ventanas a ninguna parte muestra la dualidad del mundo, la paradoja de la existencia y las posibilidades de la creación. Poemas que dan cuenta de la indagación y la fructífera tensión, sin ofrecer verdades absolutas y creencias dogmáticas, dejando siempre la puerta abierta:

 

CODA ABIERTA

 

Ahora debería ser el fruto,

comprobar que el trabajo significa.

Pero donde el final hay un principio.

Se fueron todas las palabras.

 

Alguien debe firmar este silencio.

Pon tu nombre, como si no supieras

que también él se irá:

 

 

 

 

 

 


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