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De Novela de Dios [Ernesto Carrión]

jueves, 31 de julio de 2014

 

 

EL CORAZÓN DEL TIEMPO



[II]

Cuajo, cuaja, cría, risa: remodelación. Mi madre parte el veneno desde su mejilla. Ría, día, arpía, solemnidad, inmovilidad, franco de caricias: no hay vestido en el que quepa mi corazón temblando. Diego deforestación. Diego bombón. Diego trombón. Diego niño y artista y tan mentiroso. Pinto un cielo peruano debajo de mis faldas. Tú no sientes en mis piernas la carne talada, la soldadura en los accidentes de haber sido tuya. Oigo, oigo y oigo leche ancestral lloviendo sobre la cabaña de los indios devorados por hormigas. Mi cuello posee un tajo alumbrado como una luna de tela. Tú vienes y hundes tus dedos gordos en mi camisa cerrada. Tú no sientes en mi piel la carne cocinada por los hierros. No hay vestido en el que quepa mi corazón temblando.


Quiero contar la historia

de lo que pasó con nuestro futuro hermoso:

la noche hecha pedazos en tu brazo que como un Muerto astral mostraba a su Vallejo toda su Masa.

Quiero contar de verdad cómo el amor logra un desplazamiento donde el pasado está pasando siempre.

El presente no ha existido nunca. Esto de los tiempos, Diego, es una patraña, un obsequio del Dios de los orígenes moleculares para hacer de nuestra vida un deslizamiento hacia atrás. ¿Me captas, lindo?

¿O manyas? Mangas.

Yo fui asesinada desde niña, y mi cuerpo tirado para atrás siempre ha servido de bosta para el velludo gruñir del futuro con cara de árbol. Mi pintura es mi asesinato, Diego. Mi pintura es mi fornicación. Mi pintura es la aceptación de mi negación. Mi pintura es la negación de mi aceptación. Mi pintura es mi rabia y mi salvación. Mi pintura eres tú. Y Viva la Vida.

Entonces dime que no es heroico vivir sobre las cuatro patas de una cama con la risa encendida. Mírame con tu sed de agua meada sobre tierra podrida y maniática desnudez y dime que no merezco este poema. Coincido con que el poema aunque no mata al hombre mata su hambre. Y algo que no mate el hambre del hombre no merece el poema.


[IV]

Sexo, preso, asesto, meto, incendio, ofrezco, violo, acaparo, reparo, tomo, destruyo y devuelvo, escupo todo mi miembro dentro del hueso de la vida muerta. Húmeda la vida muerta. ¿Vas a decir que esto no soy yo gritando? ¿Que escribes tú mis palabras? ¿Que organizas mi diálogo con todo el reciclado de un pésimo documental y mi diario privado? Frida, risa, tiza, brisa, ceniza y remodelación. Frida, friso, rizo, atisbo, pérdida y fascinación. Vuelo de un cavernario que sin valor vuelve a la tierra atando mis caderas. Mi Dios es la majadería ante el colmillo del niño. Mi Dios son estos celos; y mi Dios es celoso.


A cada quien su porción de fantasma con sus manitos gordas como dos elefantes esperando bajo una tormenta. ¿Y esto soy yo gritando? Y esto soy yo gritando. Y esto soy yo gritando: lápiz, papel, tijera, goma, cerro, canción, montón, oración, botón, muerte, muerte, muerte, mencióname como si una terrible oscuridad cayera sobre mí al decir tu nombre: muerte. Quítame este dolor: oveja del sexo opuesto ábrete entera, magulla mi pensamiento, mi pedazo de mejilla en tu rojo mango. Yo tengo la piel caliente y los orificios abotonados para que nadie me penetre y se robe mi cuerpo. La gran cicatriz que soy como una enorme vagina echada sobre la cama sin cortarme el pelo.

Frida” –me dice el viento pero yo no respondo.

Soy una cicatriz echada sobre la cama. El mundo en llamas.

Frida” –me dice el coro de los ángeles que son los tallos desnudos de los montes vacíos, pero yo no respondo.

Soy una cicatriz echada sobre la cama. El mundo en llamas.

Frida” –me dice el agujero negro del tiempo, su cuerpo elástico encima de las ondas magnéticas, pero yo no respondo.

Soy una cicatriz echada sobre la cama. El mundo en llamas.

Diego” –me dicen- como llamándome a mí misma a través de mi muerte y entonces sí respondo. Digo: “mándenme lo que sea que aquí habita el suicidio y el amor arcano”. “Diego” –me gritan más fuerte- y la cicatriz que soy se tuerce en miles de flores.

Tengo su verga en mi mano

(ápoles

salvajes)

manzanas de cualquier lado,

y chilla como un pez el narrador de este libro que escondía su sonido entre los orificios de las luces como una flauta de palo. Diego si pinta a Dios se pinta a él mismo. Y esa virilidad es carnicera. Y esa totalidad es apostólica.

Y más allá el futuro abre su pico hermoso.

Cuenta el narrador –Dios y Diego fundidos- que el mundo es siempre joven:

La Galaxia es una extensión de la pretensión del amor de hacernos uno. Verde que te quiero Lorca. Y esa virilidad espacial (abrigo de todas las razas, cielo de todas las hembras, fanal de todos los machos) raja los tiempos. Sin embargo el mundo es siempre joven. El mundo siempre será joven mientras gente joven esté asumiendo los roles participativos de la vida. El control de la sociedad. Las plazas de trabajo. Arrastrando consigo mismo la cabeza de la tiranía hasta los labios rojos de la pubertad hiriente. El mundo no envejece, solo sacude su cabello perverso sobre el hombro de los que pasamos sin sentirlo. El mundo no envejece: se arrastra, salva vidas, hiere en lo más hondo, asalta enormes bancos de conciencias. El mundo no envejece:

soy húmeda vela en llamas contra su osadía.




TALLER EN LAS ESTRELLAS

a José Kozer


En el Principio era el Barroco:

Las estrellas arremolinadas haciendo migas de pan sobre la mesa interminable del Universo. Negro el cuerpo de la mesa, pues nadie comía allí, nadie vivía allí, más que el barroco y las vías lácteas y los planetas desordenados como ostras de mármol entre fango y agua.

Imágenes en libertad absoluta a las que había que ponerles una soga al cuello, hacerlas trizas, humanizarlas. La raja de la mierda de los asteroides. El deseo de la pulpa por romperse. Boas incineradas en tinajas de olas cósmicas. Acuarelas y mantecas dentro del brazo. Todo nuestro presente un trapo en llamas. Un cañerío desde el antemomento. Un chorro de metal con una tripa de flores ondeando los gemidos del abismo como una bandera.


En el Principio era el Barroco:

Sudaban sangre los márgenes de las palabras, los filos del pensamiento tenían prisa, ardían los colores dentro del casco absoluto de un vacío demoledor hecho de hueso y números. Asimismo ríos y tropezones sexuales había en la tibieza del maíz. Semen en las lunas y en los arcoíris abiertos a su transexualidad y pureza. Cáscaras de nueces eran los soles, ratones los agujeros negros, altos papagallos el plástico de los desiertos; y el papel era el contraste entre el vacío y el agua. La danza de las piedras en un rebote de luces. Las plantas y los animales eran cristales morados en el ojo del delfín que era de aceite. Vuelco de legañas en una lluvia eterna.


En el Principio era el Barroco:

La vacada: más de 200 planetas bailando enloquecidamente alrededor de un sol pezón como una bola de espejos. El desprendimiento de una retina roja color hormiga roja color de llama roja color de cielo. Caían no del cielo ni hacia la tierra, simplemente caían desde ninguna parte y hacia ninguna parte: uñas, momentos, disfraces, corsés (¿flotaban?) y fotos de unos tomates ahorcados en la aurora sin recrear aún. Todo lo que caía era en su fuego un sesgo paralítico del paramecio.


En el Principio era el Barroco:

La vacada: miles de estrellas inseminándose como algodón de pera. Chispas en los márgenes de la Nada. Indagación filosófica de un dedo en una vagina. Caída de mulos en un templo seseado por la fibra eléctrica que avanza a pistoletazos por la mitad del Vacío. Cortezas de cabezas en pilares imaginarios, con planos imaginarios, con sumas imaginarias y el rojo que no es la alfombra sino el tropiezo.

Una galleta haciéndose añicos contra la tapa de un frasco: avena, arena y oxígeno coagulado cacareando una implosión fuera de juicios. Cacareando una explosión enriquecida.


En el Principio era el Barroco:

Una tela arrugada por tender. Una tela tendida por arrugar. La puñalada, la sangre y la raíz. Astillas en el páramo de la muerte dibujando un caballo. Aglomeración de burbujas en los témpanos oscuros detenidos ante los sistemas solares como gas, gasa nuclear, cámara de ruidos, hoyo de los mil sueños de un paralelismo migratorio. Puro movimiento sin reventar. Vocales y minerales en efervescencia dentro de volcanes y volcanes en fiesta prendida. Un semillero de órganos clavado en la costilla de la noche mirada en rayos equis.


En el Principio era el Barroco:

Nuestra casa. Cortinas aleonadas, disfraz de rey, fauna del manjar en los polos de los árticos siderales. 600 millones de lenguas, tétricas lenguas, en un residuo de luz. Municiones de viajes espirales en una bandeja de peces fritos. Máscara de lo neutral en arritmia fosforescente. Nieve de las religiones en cara de búho. Tornados de algoritmos y obesas manchas de agua en estado embrionario. Presentimiento e Intuición en son de fornicación rayándose las caras. Colores y matas podadas en la penetración de una melena que tartamudeaba su tic tac allí frente a la gran ave. La noche.


En el Principio era el Barroco:

Un secreto mayor. Hilachas de pensamiento enredando la campana del mensaje tatuado como argumento alquímico oyendo, pero no, la división de los seres en millones de reses, en millones de confusiones, en centenares de paladares, en miles y miles de corrientes de aire remarcadas en la palma retorciendo el contenido de una metáfora.

Era el vacío al Principio:

el caos y el barroco irreductibles.


De Novela Dios


ERNESTO CARRIÓN (Guayaquil, Ecuador, 1977) ha escrito en poesía una trilogía titulada: «ø», formada por los volúmenes: «LA MUERTE DE CAÍN» que incluye los poemarios: El Libro de la Desobediencia, Carni vale, Labor del Extraviado y La Bestia vencida (Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2007); «LOS DUELOS DE UNA CABEZA SIN MUNDO» formado por: Fundación de la niebla, Demonia Factory, Monsieur Monstruo, Los diarios sumergidos de Calibán y Viaje de Gorilas (Tribal, Perú – Fondo de Animal, Ecuador, 2012); «18 SCORPII: ABIOGÉNESIS» que incluye los poemarios: El Cielo Primitivo, Novela de Dios, VERBO [Bordado Original] y Materia Oscura (inédito).


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