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Errabunda sangre (selección) [Yannis Stiggas]

martes, 07 de sbril de 2015

Errabunda sangre (selección)

 

 

IV

 

Al llegar al cuarto kilómetro del silencio,

se me cayeron los clavos a Dios y al sol.

Desde entonces vago con el gran cero bajo el brazo.

Primero era un mero saco de dormir

- ya sabéis, te metes, o sea, sueñas.

Ahora, es un colosal internado

para los ignífugos mentales.

 

Y si surgió todo esto con el cero

imaginad lo que podría pasar con el Uno.

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

La memoria es una maleta

el olvido dos

cojamos la luz desde el principio

veamos si aguanta al carbón.

yo no me lo creo, ya ves,

tengo tantas llamas que alimentar.

 

Llama primera:

            Me tocas

                        y mi sangre se abre a borbotones

                        al final no quedará sitio para mí

 

Llama segunda:

            Jugar a la nada

            y quedarse en la miseria 

 

Llama tercera:

            Esta penuria

            del no estar en pie

            de las fieras auriga

            mas también presa de encrucijadas

            Quise el cuerpo

            en su prolongación en sol

            ahora le pido a la poesía

            que me rompa las manos.

 

Llama cuarta:

            Ésta a la que lanzo los poemas masacrados.

            Ésta que me espera.

 

Llama quinta (susodicha común):

            Loco, prenderemos unos fuegos aquí dentro

 

 

 

 

 

 

 

XIII

 

Abrazámonos

                        y se vislumbra el vacío.

es una quietud ciega

que supervisa el pecho

con horquillas en los labios

 

Así viví la convulsión

que platea las cosas

            y no amo ya la luna

                        no amo ya el mar

 

Quiero desnudos crujires en la sangre

mi destino como una parra

con fruto según toque

al sol arrodillado

que se enrosca en los alambres

 

Ni hablar de volver a abrir jamás

la puerta

aguzaré sólo mi oído

para traeros gemidos

y el amor

se estancará en las tazas

 

Abrazámonos significa

            aromatizamos el vacío

 

 

 

 

 

 

 

XVIII

 

Nuestras palabras

acabarán en la gran blancura

allí donde el cuerpo

repugna de su cuerpo

                        Es doble el lobo

para que no regreses

Tablón la memoria

en cuanto hurgas chirría

 

Me arrastran de nuevo otoños

cojo la última flor

amarillo dentro de amarillo

            Mortal

hasta Alejandría

¿dónde repartí mi aliento?

y no tengo árboles para mañana

            no tengo otro cigarro

 

Grande grande blancura

quebrado perro dentro

 

 

 

 

 

 

 

XXVII

 

Chatarra el destino

así poco brilla

y luego nada

Deglutirás tempestades desnudo

            eso sí que es una carga

Lo que niegas se duplica

 

Quiere horrores el sol

que le claves un limonero en la frente

para que alboree neutro

pero que sepas

no hace señas el sudor

es el absoluto

por eso lo ahogamos todo en la primavera

y luego

                        ¿Qué primavera?

                        ¿Qué promesa?

La nada es asunto de dos ojos

De tus ojos

                        rehén la luz

                                    para una sola flor

 

 

 

 

 

 

 

XLII

 

Qué ascensor el tiempo

así como se rompe la alambrada

y yo le aprieto un botón rojo

a la conciencia

            para cuantos sangran

Una hoja que caiga          es otoño

Y el Verbo es una botella llena de aguardiente

            A partir de ahí

            Lo que arde vale 

 

Agarro la materia por el cuello

Y la luz (quiera o no quiera) se acuerda:

Ala es lo que queda del alma

lo que va en pos del hollín

 

Regresaré

una tarde cojitranco

para deciros la raíz

 

 

 

 

 

 

 

XLVIII

 

Sé que no provoqué ninguna atrocidad

de esas que adoráis

sólo desnudé mis dientes

en el vértigo que devasta las mariposas

Abrí huecos al destino

y hundí mi pena como ropa.

La memoria no sabe cómo manejar

sus tijeras

pero el tiempo no sangra otra vez

por eso no esculpo el sueño

lo recibo como rama ansiosa al cuello

que me chupe muda el agua

 

¿Qué sinvergüenza me fijó a la luna

y soy así la trampilla de la masacre?

Para que combatas con versos a tus elementos

            ¡eso sí que es un desastre!

Y la visión mezcla sus raíces

Veo al mundo paraguas paralítico

y si se abre

                                    que se vaya al infierno

 

La luz no se afronta ya sin guantes

¿cómo sellar mi palabra

ahora que surge la flora genital?

 

Poco a poco nos parecemos a las piedras

 

El final es ya sabido:

Yo

            y las rosas

 

La belleza         hacha en el cogote

 

 

 

 

 

 

 

Yannis Stiggas (atenas, 1977) es autor, entre otros libros, de El vagabundeo de la sangre (2004) y Una herida regular (2009). Sus poemas han sido traducidos al alemán, inglés, francés, búlgaro, sueco.

 


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