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La voz del "fluido roto" [Yaiza Martínez]

martes, 19 de enero de 2010

 

 

La lectura comienza en el laberinto y acaba en el manantial. La voz del cuidado 1970-1995, antología de la obra poética del navarro Miguel Suárez editada por la editorial Dilema, discurre a partir de un modo de escritura críptico, con potentes imágenes casi proféticas en las que se combina la subjetividad humana con la determinante e ineludible presencia de lo mayor ("si el ojo yace en el ángulo de las mareas"), para acabar cediendo a una cadencia expresiva que toma de la mano al lector, aunque mantiene en todo momento la potencia significativa de sus metáforas e imágenes.

 

Ésta podría ser una de las descripciones de un libro al que cabría definir como "grande", por diversas razones. Jean-Yves Bériou señala en el epílogo a La voz del cuidado,  creo que acertadamente, que en esta obra se encuentra "todo lo que debemos exigirle a una gran obra poética...: poder de enunciación a la vez preciso y perturbador, gusto por el "encuentro" verbal conjugado con una concentración emocional intensa, voz del mundo, voz del sujeto, voz del sujeto y del mundo".

 

La voz del cuidado alberga todas estas características: en la obra se nombra y se muestra lo nombrado de manera original y con una voz propia; se produce ese "encuentro" del poeta con lo verbal a través de una indagación continua en el lenguaje poético, en sus formas, en sus posibilidades expresivas; y se genera esa indefinible combinación de la voz del poeta y la voz del mundo, por la que una deviene en reflejo de la otra.

 

En primer lugar, la originalidad de la voz poética de Suárez se aprecia a lo largo de todo el libro, especialmente en el tratamiento y el uso de las imágenes que el poeta crea y desarrolla: "habitación del pelo de grasa y el músculo aterido" o "los seres de toda la vida menguan desde la raíz" son algunas de ellas, pertenecientes a distintas etapas.

 

Estas imágenes, entrañadas en el contexto de cada poema, generan en el lector el desconcierto, la extrañeza, la conmoción: "las sanguijuelas de nuestro esfuerzo"; "esta vieja fotografía tiene árboles dorados / sobre circos de pizarra y alguien de espaldas" o "mira como el mundo viene con su corteza a nuestros / ojos".

 

Por otra parte, en la trayectoria de la obra poética de Suárez se constata un profundo deseo de indagación en el lenguaje, deseo que queda reflejado en la experimentación continua, en la búsqueda de patrones expresivos, en el forzamiento del sentido o en la propia evolución de la voz poética del autor.

 

En lo formal, la indagación se plasma en el uso de  múltiples "formatos" poéticos: poemas breves e intensos como haikus, poemas que imitan el diálogo teatral o poemas escritos en prosa, como pequeños relatos. Pero, en todos los casos, estas prácticas formales parecen responder a una auténtica necesidad expresiva, y no a una fría y meramente lúdica búsqueda de "innovación", por lo que no quedan exentas de lirismo.

 

Por último, es esa necesidad expresiva, por la que se debe nombrar lo que se ve,  la que quizá otorgue a  La voz del cuidado la tercera condición planteada por Bériou para la definición de una "gran obra poética": merced al esfuerzo continuado por nombrar, la poesía de Suárez acaba convirtiéndose en reflejo de un contexto genérico, además de individual (voz del sujeto, voz del mundo).

 

Desde esta perspectiva, surge un nivel de interpretación de La voz del cuidado que ha sido abordado con detalle en el prólogo del libro por el poeta Antonio Méndez Rubio.

 

El contexto genérico se trasluce en la poesía de Suárez en citas de otros autores o en la mención a amigos del poeta -como Miguel Casado o Ildefonso Rodríguez- pero, sobre todo, aparece reflejado en la concepción poética de la realidad que encontramos en la obra.

 

Según Méndez Rubio, esta realidad es experimentada por Suárez como "sin forma, sin sentido", como un "fluido roto" o como un "tiempo agónico". Y, como tal, ha sido contada en los poemas de La voz del cuidado, de manera leal.

 

Los versos incansables de Suárez son, por todo lo dicho, una lograda combinación de lirismo y formas poéticas que acaba alcanzando vida propia. Divididos en cinco libros y en un sexto apartado de prosas y poemas no incluidos en libros anteriores, dan cuenta de la intensa capacidad de expresión de un poeta que "llega al confín de la tierra / para escuchar voces remotas / surgiendo de la intimidad del sueño", y que es capaz de transmitirlas.

 

En un largo recorrido desde una poesía casi jeroglífica inicial hasta los versos finales que fluyen para decirnos: "Un hombre aquí es alguien que oye todo el tiempo esta nota: sigue" o "Todo lo que ves pide ser", el lector se enfrenta en La voz del cuidado a un fructífero y complejo hilado expresivo, en definitiva, a un universo poético que no debiera pasar desapercibido.

 

 


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