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		<title>contraseñas</title>
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		<description>Categoría de 7de7.net</description>
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			<title><![CDATA[Poemas]]></title>
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			<category>contraseñas</category>
			<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 09:00:00 GMT</pubDate>
			<description><![CDATA[<p><strong> </strong></p><p><strong> </strong></p><p><strong><br />Aquí</strong> donde dicen<br /><em>marzo</em> al cuervo<br />y <em>septiembre</em> al centeno,<br /><br />donde la nieve convierte el trazo en una guerra abandonada, y las hormonas del hielo se desgajan para cubrir la arena -<br /><br />la costa se resiste a ser paisaje -<br /><br />hace falta creer en un alma para responderle como a un igual,<br /><br />sin forzarla a ser un cuadro con leyenda,<br />sin buscar en la orilla un abrazo dormido,<br /><br />incrustado.</p><p> </p><p> </p><p><br /><br /><strong>Tardes</strong><br />de calor<br />prehistórico,<br /><br />ciénagas criando -<br /><br />y todos a punto <br />            de creer que algo<br />está a punto de surgir<br /><br />(<em>y quizás<br />es sólo que algo se retira,<br />por dejar este espacio</em>).<br /><br />Desde la gravilla,<br />                                            cerca y lejos del mar,<br /><br />el ojo<br />desciende<br />con los ríos,<br /><br />hasta llegar aquí,<br /><br />donde el impulso<br />se desmenuza en reposo,<br /><br />hábito<br />correspondido.<br /><br />Si una palabra<br />pregunta<br /><em>qué somos,</em><br /><br />el tacto dirá<br /><em>gachas,<br />prendeduras,<br />trombos.</em><br /><br />Y es podre<br /><br />satisfacción,<br /><br />inclusa.</p><p> </p><p> </p><p><br /><strong>Bien,</strong><br />        y entonces todo<br />como una erosión,<br /><br />el grano del detalle raspado por la mente que no quiere<br /><br />aceptar esa farola<br />                                                                                                                    de cristal entrecortado<br /><br />                            o las últimas erasmus por el callejón,<br /><br />la mente dormida a la pureza,<br /><br />dormida a la pureza<br /><br />insistente,<br />                acolchada<br /><br />pureza<br /><br />de cruz,<br /><br />mal de gorrión,<br /><br />pureza<br /><br />que no debe,<br /><br />                                        que no debe<br /><br />conmigo</p><p> </p><p> </p><p> </p>]]></description>
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			<title><![CDATA[El plazo (selección)]]></title>
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			<category>contraseñas</category>
			<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 09:00:00 GMT</pubDate>
			<description><![CDATA[<p><br />SÓLO LLEGA LA luz a algunas zonas. La mayoría sigue en penumbra, esperando la retirada de esta sombra cicatera que impide verlo todo. Constato la presencia dura, bajo el almohadón, del hueso. Se trata de un sostén mínimo que cede bajo un cielo sin color. Tantas capas de aire sobre nuestros pobres hombros.<br /> <br />La duda se extiende como una mancha viscosa, su transparencia insiste en engañar al ojo. Resulta agotador eliminarla y además los dedos no responden.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p>EL PLAZO HA sido finalmente concedido. Se atendieron nuestros ruegos y sin duda hay que hacer algo: mover las manos, arrodillarse, morir. La pureza que exigimos se ha vuelto insoportable, y así lo comentamos en voz baja.</p><p> <br />Los críos revolotean al lado. Cualquiera diría que esto es imposible, imposible el gesto blanco que arrastra la línea. Pero seguimos encontrando hueco en un rincón de casa cerca de la ropa apilada. El silencio o el pájaro, no queda otra salida ya para esta respiración salvaje.</p><p> </p><p> </p><p> </p><div style="text-align: right"><em>A Olvido y Yaiza</em></div>  <br />NOS HEMOS REUNIDO alrededor del niño, con la esperanza de un resplandor antes cerrado. Somos tres y levantamos palabras incómodas con los brazos, sosteniéndolas sobre nuestras cabezas en un esfuerzo enorme. Alguien muy cerca habla otro idioma y curiosamente lo entendemos. No hay sorpresas en esa lengua que manejamos como si fuera propia, que hemos hecho propia.<br /> <br />El pequeño se aquieta y la mujer entera nos mira, nos ve vivir porque a eso ha venido. Sale de ella la voz como una cinta índigo que nos abraza. Algunos detalles: el pelo rojizo de ambas, los ojos duros de todas y las jóvenes con nuestros fuegos artificiales.<p> </p><p> </p><p> </p><div style="text-align: right">&quot;El olvido lo ocupa todo&quot;</div><div style="text-align: right">Darío Jaramillo</div><div style="text-align: right"> </div><p>ESCUCHAMOS CONCENTRADOS LAS palabras del poeta. Es la misma clase en que leíamos, tan jóvenes. Diez años después atraviesa los barrotes una luz semejante y se posa igual sobre todo lo caído. Sólo han cambiado una mesa pero hay que llorar, llorar por la intensidad perdida.<br /> <br />Aquí están los que aún pueden hacerlo: poner ladrillos en orden y encerrarse. No sé desde dónde pero hablamos con ellos, comentamos los versos. Salimos de este tiempo detenido y sin compañía posible.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p style="text-align: right"><em>A Pablo y Leyre</em></p><p>A TRAVÉS DE las ventanas observamos a los niños. Sin sonido los movimientos parecen inventados, una extraña lógica los hace reír de pronto, sentarse. Tras el cristal las esculturas nos reclaman, con tanto aire que abandonaríamos a los pequeños dentro, a crecer.<br /> <br />Cuando salimos formamos un corro y cantamos. En una pradera de dinosaurios y  metales las planchas cayeron sobre la hierba. A veces, al buscar una piedra para nuestra colección diaria, escarbamos un poco y tocamos hierro, esquinas redondeadas o algún agujero irregular.<br /> <br />Entramos en una de las cajas y nos dejamos fotografiar. Nos apoyamos confiados y sonreímos, por unos segundos felices, convertidos en un relieve que se desprende.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p>EL MÚSICO NOS avisa que precisa un silencio absoluto, imposible. Cierta respiración le hace equivocar sus gestos de tiempos exactos. Así es, un segundo de más y el instrumento se hará pedazos.<br /> <br />En la sala-laboratorio aspiramos todos a la perfección y abrimos los brazos como quien carga una cesta de frutas, muy quietos.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p>EL BARRANCO DE polvo custodia los recuerdos desde entonces. Semejante mole de tierra a punto de desplomarse, casi resquebrajándose bajo los pies y nosotros como náufragos encima.<br /> <br />No se atisba el sol. En todo caso cuesta interpretar las sombras, incluso las más simples o infantiles. Igual sucede con los mapas: tomando mar por tierra se tarda mucho en reconocer los países, y por alguna razón este tiempo se vuelve imprescindible.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p>SOBRE LA CABEZA penden racimos inalcanzables por unos centímetros. Aún se encuentran cristales de cuando la tormenta destrozó la ventana. Los ofrezco también, pequeños vidrios de colores a cambio de cualquier cosa.<br /> <br />He visto llorar lentamente sobre las sillas de enea, colocadas en círculo y con una de menos, como en un juego de niños. Pero siempre me siento en otro sitio, con mis mejores prendas a la vista.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p>LLEGO A LA casa a través de calles vacías y llenas de murmullos. Es casi de noche, parece, y está cerrada. No tengo llave o no la encuentro, así que extiendo la manta frente a la puerta verde, sobre el cemento. Al poco de tumbarme la veo entera, con el pelo muy blanco, sentada en su sillón de reina.<br /> <br />Échate sobre la tierra, dice. Me pregunto si el cemento bajo el cielo es la tierra o si he de  bajar hacia el río, pero no se lo pregunto. Ha venido a señalar el lugar de la raíz, puesto que ella y la otra mujer están muertas sin remedio.<br /> <br />Escuchando, temblando, percibo un cuerpo al lado, y entonces se abre la puerta de la casa y salen todos, uno a uno.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p>RODEADOS DE CETÁCEOS empezamos y acabamos el día. La imagen de una ballena varada bendice nuestros baños y algunas tortugas gigantes marcan las horas alrededor. No hay peces a la vista.<br /> <br />Tampoco dentro hay pez, sólo un cuerpo incrustado, hueso contra hueso en el largo eco de las venas y sin chispa posible. Esta vez todo está oscuro. El breve esqueleto, con su nombre en suspenso, sigue borroso hasta última hora.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p>DESAPARECERÍAMOS TODOS SI las abejas murieran. Por ahora somos cuatro: dos adultos y dos crías que cargar en brazos en caso necesario. Pronostican una marcha tranquila, aunque el zumbido nos alcance en las próximas jornadas.<br /> <br />Como alimento sólo llevamos la oscura miel de la familia, indigesta, dulzona. Los nuevos evitamos derramarla, pues una gota perdida trae la maldición de confundir las criaturas propias. Sin olerla llegó el animalillo de nombre equivocado, en medio del camino.</p><p> </p><p> </p><p> </p><p>CADA UNO AGUARDA su turno para respirar. No nos vemos siquiera. Ocupamos salas de cristal con cuerpos transparentes, reflejados sólo al azar.<br /> <br />La gran mentira, el espejismo del aire.<br /> <br />Mientras, las crías dormitan en la madriguera, repleta de oxígeno su sangre recién nacida.</p><p> </p><p> </p>]]></description>
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